Devocional Romanos 9: La Elección Soberana y la Fe en Cristo
Devocional Romanos 9: La Elección Soberana y la Fe en Cristo Reflexión sobre Romanos 9: la soberanía de Dios, cómo entender el libre albedrío y por qué la incredulidad o el orgullo de las obras apartan de la salvación. Topics: devocional, .
Devocional Romanos 9: La Elección Soberana y la Fe en Cristo
El devocional de hoy se encuentra en el libro de Romanos, capítulo 9, y esto fue lo que sucedió.
Sinopsis: En este capítulo, Pablo, a través de una carta dirigida a los Romanos, explica cómo funciona la elección soberana de Dios y por qué la incredulidad de los judíos los aparta de la salvación por medio de la fe.
Observaciones
Estas fueron mis observaciones.
- La elección soberana de Dios. Esto es un tema que a nosotros seres humanos nos incomoda mucho. Pues siendo seres con libre albedrío hallamos que somos libres de hacer las cosas sin acarrear las consecuencias. Pero cuando tomamos la conciencia de que Dios existe y que el es soberano sobre nosotros, tenemos una escoja a hacer. O nos sometemos a su Voluntad o la contrariamos. Pero ambas elecciones tienen consecuencias. Lo que más nos incomoda es la realización de que no somos nada ante Dios. Él es el Señor y quien manda es él. Y peor aún, por Él ser omnipotente, omnipresente, omnisciente y bueno, todo lo que él hace es bueno y correcto pues su naturaleza es perfecta (Génesis 17:1, Salmos 139:7–8, 1–4 y 100:5 NVI). Además, Él es el criador del mundo (Génesis 1:1 NVI). Es decir, no es Él quien debe prestar cuentas a su creación, pero, sí, lo contrario—nosotros es que debemos prestar cuentas a Él (Romanos 9:19–21 NVI). Este hecho es lo que más dudas y preguntas levanta. Pues si Dios hizo su pacto con Abraham y sus descendientes, ¿no deberían todos descendientes de Abraham ser salvos por la promesa de Dios? ¿Si Dios es omnipotente, omnipresente y omnisciente, por qué somos culpables por nuestras acciones si su Voluntad prevalece en el final? Estas son preguntas importantes y seguramente todos alguna vez ya las hicimos. Primero, dios no considera descendencia de la misma manera que nosotros. Cuando Dios dijo que los descendientes de Abraham y las naciones del mundo serán bendecidas, Él no quiso decir sus descendientes naturales. Más, sí, los descendientes que Dios sabe que tienen el corazón voltado a Dios y guardarán sus mandamientos (Romanos 9:6–8, Génesis 12:2–3 y Romanos 8:14 NVI). Por eso, Dios estableció la descendencia de Abraham a través de Isaac y no Ismael, por ejemplo (Génesis 17:19,21 NVI). Lo mismo se pasó con los mellizos (Esaú y Jacob) antes de pecaren. Pues Dios dijo que el mayor (Esaú) servirá el menor (Jacob). Por eso, Dios confirmó su promesa a través de Jacob (Israel) (Génesis 25:23, 27:29 NVI). Segundo, nosotros somos culpables pues aún que la Voluntad de Dios prevalezca, nosotros tenemos libre albedrío para seguir su Voluntad o no (Josué 24:15 NVI). Pues cuando se dice que Dios es omnisciente, omnipresente e omnipotente, no estamos a decir que todo que vamos a hacer ya está predestinado. Mas, sí, que Dios no está confinado en las dimensiones que nos encontramos (espacio y tiempo) porque no es un ser material (Génesis 1:1, Juan 4:24 NVI). Dios es inmaterial y por estar fuera de las dimensiones del tiempo y espacio, Él puede estar en todos lugares y ver toda la historia del universo en el presente, en tiempo real. Es decir, el puede ver todas las decisiones que vamos tomar libremente al largo de nuestras vidas ahora en tiempo real. Pues Él puede ver nuestros pensamientos y los deseos de nuestros corazones (Salmo 139:23–24 NVI). Por eso, Dios no necesita darnos explicaciones de lo que haz y nosotros no tenemos el derecho de juzgar a Dios. Pues Él es nuestro criador y nosotros la creación (Génesis 1:27 NVI). Por tanto, quien debe prestar cuentas somos nosotros a Él.
- La incredulidad de los judíos. Dios también nos dijo a través de los profetas que aquellos que no eran considerados mis hijos pasarán a ser y serán justificados por la fe. Mientras los que son considerados mis hijos, no, pues están aferrados a la Ley y creen que pueden alcanzar la justicia con sus obras (Romanos 9:24–29 NVI). Pues para Dios sus hijos son aquellos que guardan sus mandamientos y depositan su fe en su Gracia (Juan 14:15, 21 NVI). Porque reconocen que no pueden lograr la salvación por sus propias manos. Mas sí, por el regalo que Jesus Cristo nos dio al morir en la cruz por nosotros (Romanos 9:30–33 NVI). Por eso, viven sus vidas dependientes de Dios y reciben el Espíritu Santo. Y, solamente, con la ayuda del Espíritu Santo es que pueden progresivamente cambiar sus corazones, presentar los frutos del espíritu y una conducta, cada vez más, semejante a la de Jesus Cristo, nuestro Señor y Salvador. Por eso, nunca debemos pensar que podemos por nuestras manos conseguir la salvación y ni pensar que somos mejores que los demás comparando la gravedad de nuestros pecados con la de los otros. Pues esto es el orgullo religioso que ciega el espíritu y nos hace perder noción de nuestra dependencia en Cristo para nuestra salvación tal como todos.